miércoles, agosto 31, 2011

La estrella que no debería existir

La búsqueda de las estrellas más antiguas del Universo es uno de los santos griales de la astronomía moderna. ¿Pero cómo distinguir una estrella vieja de una joven? Pues muy fácil. Basta con medir la cantidad de metales que contiene, recordando que en astronomía se entiende por "metal" cualquier elemento más pesado que el helio.

SDSS J102915+172927, una estrella del halo galáctico (ESO).

La mayor parte de elementos metálicos se han formado en el interior de las estrellas, las cuales al morir han devuelto parte de estos elementos al medio interestelar. Las siguientes generaciones de estrellas tienen por tanto una metalicidad cada vez mayor.

Pero antes de lanzarnos a la búsqueda de estrellas de baja metalicidad a nuestro alrededor, debemos tener en cuenta que la mayoría de las primeras estrellas que se formaron en nuestra Galaxia ya han desaparecido. De esa primera generación de estrellas sólo han podido llegar hasta nuestros días aquellas con una masa inferior a 0,8 veces la solar (cuanto menos masiva es una estrella, más larga será su vida). El resto hace tiempo que ha desaparecido, abandonando la secuencia principal. Por supuesto, siempre podremos buscar estrellas de baja metalicidad más masivas en galaxias lejanas, pero nos interesa estudiar las primeras estrellas que se formaron en nuestro vecindario cósmico para entender mejor el origen de la Vía Láctea.

Tras muchos años de búsqueda, las estrellas de menor metalicidad (Z) conocida alcanzan una proporción entre metales e hidrógeno de 0,000015. Muy baja, pero superior a la predicha para las primeras estrellas. Ante la imposibilidad de encontrar una estrella de menor metalicidad, se había sugerido que era necesaria la presencia de cierta cantidad de metales en el medio interestelar para permitir la formación de estrellas de menos de 0,8 masas solares.

Sin embargo, astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) acaban de anunciar el descubrimiento de una estrella con una proporción de metales igual a 0,00000069, aproximadamente una cienmilésima parte de la metalicidad solar. El "engendro" se denomina SDSS J102915+172927 y es una estrella del halo de la Vía Láctea, es decir, forma parte de las primeras estrellas que se formaron en nuestra galaxia. Los datos se han obtenido usando el telescopio VLT del ESO (Chile).

Proporción de algunos "metales" y la abundancia de litio en varias estrellas (Caffau et al.).

Curiosamente, la estrella no presenta cantidades significativas de litio, lo que implica que en algún momento de su historia el astro tuvo que soportar temperaturas superiores a dos millones de kelvin. Esta particularidad apunta a la posible existencia de algún proceso desconocido durante el proceso de formación estelar.

SDSS J102915+172927 es la primera estrella de muy baja metalicidad del halo galáctico descubierta. En los próximos años detectaremos sin duda muchas más, las cuales nos permitirán comprender mejor cómo se formó nuestra Galaxia.


Referencias:

¿Un planeta habitable alrededor de HD 85512?

El descubrimiento del primer exoplaneta potencialmente habitable está a la vuelta de la esquina. Aunque desgraciadamente la existencia de Gliese 581 g no ha podido ser confirmada, ahí tenemos otros candidatos como Gliese 581 d o aquellos que aún se esconden en los datos provisionales del telescopio espacial Kepler.

Posible apariencia de Gliese 581 c, una posible supertierra habitable según el artistas Don Dixon (Don Dixon). 

Recientemente, los astrónomos Lisa Kaltenegger, Stephane Udry y Francesco Pepe han añadido un mundo más a la exclusiva y fascinante lista de planetas extrasolares que podrían reunir las condiciones para permitir la aparición de la vida tal y como la conocemos. El planeta se denomina HD 85512 b y es una supertierra con un masa mínima 3,6 veces la terrestre situada a unos 36 años luz de distancia en la constelación de Libra. HD 85512 b orbita una estrella (llamada lógicamente HD 85512) de tipo espectral K5, un poco más pequeña (69% de la masa solar) y fría que el Sol.

Usando el fructífero espectrómetro HARPS del telescopio de 3,6 metros de La Silla (Chile), los astrónomos han concluido mediante el método de la velocidad radial que HD 85512 b gira alrededor de su estrella a una distancia de 0,26 ± 0,005 UA (la Tierra orbita a 1 UA del Sol) con un periodo de 58,43 ± 0,13 días. Teniendo en cuenta que HD 85512 es una estrella más fría que nuestro Sol, esto significa que el planeta se halla justo en la parte interna de la zona habitable, aunque la órbita presenta una excentricidad (0,11 ± 0,1) que, sin ser elevada, es considerable y provocaría extremos climáticos importantes.

Órbita de HD 85512 b (Wikipedia).

En teoría, HD 85512 b debería ser demasiado caliente para albergar océanos estables de agua líquida, pero todo depende de su composición atmosférica, albedo, periodo de rotación e inclinación del eje, parámetros todos que son obviamente desconocidos. Si el planeta posee una atmósfera de dióxido de carbono, nitrógeno y agua con una abundante cubierta de nubes, el alto albedo resultante podría disminuir la temperatura media de la superficie lo suficiente para permitir la existencia de océanos. El problema es que la órbita de de HD 85512 b y la luminosidad de su estrella no se conocen con mucha precisión, así que el planeta podría estar realmente en medio de la zona habitable o completamente fuera de ella. Tampoco sabemos si HD 85512 b muestra permanentemente una cara hacia su estrella (tidal locking), lo que reduciría significativamente las condiciones de habitabilidad, aunque se supone que no es el caso.

Relación entre el albedo y la luminosidad estelar (Kaltenegger et al.).

Luminosidad estelar frente a flujo estelar para varios planetas. Se muestra el límite interno de la zona habitable para varias cubiertas nubosas (Kaltenegger et al.).

Variación del límite interno de la zona habitable teniendo en cuenta la distancia orbital y la luminosidad estelar (Kaltenegger et al.).

Pero lo importante es que, con los datos que tenemos en la mano, este exoplaneta podría ser habitable (con una temperatura en equilibrio por debajo de 270 K) siempre y cuando tuviese una cubierta nubosa permanente superior al 50% y no contase con demasiados gases de efecto invernadero en su atmósfera. Por supuesto, es muy posible que HD 85512 b sea más parecido al infierno de Venus que a la Tierra, pero mientras no tengamos más información, soñar es gratis.

HD 85512 b es, junto con Gliese 581 d, el mejor candidato a planeta habitable que conocemos a día de hoy. A 36 años luz tenemos un mundo misterioso con una temperatura agradable y una gravedad superficial mínima 1,4 veces superior a la terrestre. ¿A quién no le gustaría explorarlo?

Referencias:

    martes, agosto 30, 2011

    El abandono de la ISS y otras tonterías

    No por previsible, el enorme revuelo mediático de la reciente pérdida de la Progress M-12M deja de ser sorprendente. Como ya hemos explicado por aquí, el accidente en sí no es importante, pero los problemas surgen del posible impacto que pueda tener este revés en las futuras misiones tripuladas Soyuz. Las naves Soyuz son actualmente el único vehículo capaz de transportar cosmonautas hasta la estación espacial internacional (ISS) y también funcionan como naves de emergencia. Por lo tanto, si no se pueden mandar nuevas unidades, la ISS debería ser abandonada una vez regresen las dos Soyuz actualmente acopladas a la estación.

    Nave Soyuz (Paco Arnau / Amazings.es).

    Se trata de un hecho de sobras conocido, pero curiosamente muchos medios de comunicación se han llevado las manos a la cabeza después de que Michael Suffredini, encargado del programa de la ISS en la NASA, declarase que la estación debería ser abandonada si las misiones Soyuz se retrasan más allá de diciembre de este año. Por supuesto, Suffredini se limitó a exponer lo que podía pasar en el peor de los casos (worst case scenario, como dirían por allí), pero parece que nadie se dio cuenta. El caso es que, a día de hoy, nada indica que el accidente de la Progress M-12M pueda impedir el lanzamiento de las próximas misiones Soyuz y obligue a evacuar o "abandonar" la ISS.

    Los seis miembros de la Expedición 28, actualmente en órbita en la ISS (NASA).

    Seis cosmonautas (la Expedición 28) residen en estos momentos dentro de la ISS. Alguno pudiera pensar que lo más sencillo sería hacerles esperar allá arriba el tiempo que hiciese falta hasta que se solucionasen los problemas con los cohetes Soyuz. Sin embargo, esto no es posible. Las naves Soyuz TMA pueden permanecer en órbita un máximo de 210 días (la limitación tiene que ver con la vida útil del sistema de maniobra de la cápsula a base de peróxido de hidrógeno), así que no se puede prolongar su estancia indefinidamente.

    El regreso de la Soyuz TMA-21 con Aleksandr Samokutyayev, Andréi Borisenko y Ronald Garan ya ha sido pospuesto del 8 al 16 de septiembre, aunque se mantiene la vuelta de la Soyuz TMA-02M con Seguéi Vólkov, Satoshi Furukawa y Michael Fossum para el 16 de noviembre. Por otro lado, el lanzamiento de la Soyuz TMA-22 con Anton Shkaplerov, Anatoli Ivanishin y Dan Burbank se ha retrasado también del 22 de septiembre al 28 de octubre y el despegue de la Soyuz TMA-03M con Oleg Kononeko, André Kuipers y Donald Pettit ha sido trasladado del 30 de noviembre al 10 de diciembre. Hay que tener en cuenta que Roskosmos prefiere no lanzar ninguna Soyuz entre mediados de diciembre y febrero por motivos de seguridad (en caso de una emergencia, las operaciones de rescate en invierno serían más peligrosas y complejas).

    La tripulación de la Soyuz TMA-22 (Anton Shkaplerov, Anatoli Ivanishin y Dan Burbank) deberá despegar el 28 de octubre (Roskosmos).

    El quid de la cuestión radica en que el cohete Soyuz-FG empleado para lanzar las naves tripuladas Soyuz TMA emplea una tercera etapa (Bloque I) idéntica a la usada por los Soyuz-U de las naves Progress, así que lógicamente urge averiguar lo antes posible por qué el motor RD-0110 usado en el lanzamiento de la Progress M-12M se apagó antes de lo previsto.

    Y estamos de enhorabuena, porque parece que la agencia espacial rusa ha logrado identificar la causa del accidente en menos de una semana. Según los primeros indicios, todo apunta a que el fallo se originó en el generador de gas del motor RD-0110 del Bloque I. Este elemento consiste en una pequeña cámara de combustión donde se quema un poco de queroseno y oxígeno líquido con el fin de crear un gas a alta temperatura encargado de mover las turbinas del motor. Aún es pronto para saber si se trata de un fallo genérico o no, pero está claro que es un avance. El RD-0110 es un motor de 408,5 kg con cuatro cámaras de combustión y cuatro toberas vernier. Su empuje es de 30,38 toneladas y posee un impulso específico de 326 segundos. Ha sido empleado en cientos de lanzamientos de cohetes Soyuz y es uno de los motores más populares y fiables de la historia de la cosmonáutica. Es un producto de KBKhA, junto con NPO Energomash, una de las empresas líderes en fabricación de motores para la industria aeroespacial rusa. KBKhA es en la actualidad propiedad de Khrúnichev, fabricante del cohete Protón.

    Motor RD-0110 (KBKhA).

    Motor RD-0110 en la tercera etapa de un cohete Soyuz-FG (NASA).

    Esquema del funcionamiento del motor RD-0110 (en azul el oxígeno líquido y en amarillo el queroseno). El generador de gas es el número 5 (Novosti Kosmonavtiki).

    Motores diseñados por KBKhA (KBKhA).

    ¿Y dónde nos deja todo esto? Pues de entrada, y mientras se revisan los RD-0110 y se depuran responsabilidades, los planes de la agencia espacial rusa Roskosmos consisten en "probar" el cohete Soyuz en tres lanzamientos no tripulados antes de permitir el despegue de la Soyuz TMA-22. El próximo 25 de septiembre debe despegar desde Plesetsk un cohete Soyuz-2-1B con un satélite Glonass-M, un lanzamiento que debía haber tenido lugar el pasado 25 de agosto y que fue retrasado por culpa del accidente de la Progress M-12M. Sin embargo, el Soyuz-2-1B no usa un motor RD-0110, sino un RD-0124 (más moderno), por lo que el éxito de esta misión no despejaría muchas dudas.

    Habrá que esperar al próximo 8 de octubre para ver un RD-0110 en acción. Para entonces está previsto el despegue de un cohete Soyuz-2-1A desde Baikonur con seis satélites Globalstar. Por fin, si todo va bien, el 14 de octubre despegará un lanzador Soyuz-U con la Progress M-13M a bordo dispuesta a vindicar la memoria de su hermana perdida. Dos semanas más tarde le tocará el turno de demostrar su valía a un cohete Soyuz-FG con la Soyuz TMA-22.

    Como vemos, de abandono de la ISS, nada de nada. Por supuesto, si alguno de estos futuros lanzamientos sufriese algún contratiempo, la situación sería muy distinta, pero no tiene sentido preocuparse antes de tiempo. Además, si la estación tuviese que ser abandonada, tampoco estaríamos ante el fin de los tiempos. La ISS está diseñada para mantenerse indefinidamente sin tripulación, así que sólo habría que esperar a reanudar las operaciones con naves Soyuz tripuladas. No olvidemos que la estación Mir fue "abandonada" en dos ocasiones durante sus quince años de existencia y no pasó nada.

    Recapitulando, que sí, que el asunto es serio, pero no seamos alarmistas, por favor. Por otro lado, hay que insistir una vez más en que la situación sería la misma si el transbordador espacial o la nave Dragon de SpaceX estuviesen en servicio. Parece que algunos están usando el problema de la Progress para hacer su agosto -pun intended- con temas más cercanos a la política que al espacio.

    La ISS y la Luna (NASA).

    lunes, agosto 29, 2011

    Merkuriy-P, Rusia en Mercurio

    Si todo transcurre según lo previsto, el resurgimiento del programa de sondas espaciales rusas comenzará dentro de pocos meses con el lanzamiento de la misión marciana Fobos-Grunt. Dependiendo del éxito de esta sonda, la agencia espacial rusa Roscosmos tiene planes para desarrollar toda una nueva serie de naves que deben explorar el Sistema Solar. Las misiones Mars-Net y Mars-Grunt se encargarán del estudio de Marte y Venera-D hará lo propio con Venus, mientras que Luna-Glob y Luna-Resurs deberán viajar hasta la Luna. Con un poco de suerte se podrían enviar misiones adicionales a Europa (Sokol-Laplace) o al asteroide Apofis.

    Merkuriy-P (NPO Lavochkin).

    Algunas sondas y satélites planeadas por NPO Lávochkin y Roscosmos (NPO Lavochkin).

    Una propuesta que resulta especialmente interesante es Merkuriy-P (Меркурий-П, la "P" viene de posadka, "aterrizaje"). Como su nombre indica, el objetivo de esta sonda sería el planeta más pequeño del Sistema Solar. La nave, fabricada por la empresa NPO Lávochkin a partir de la plataforma Dvina-TM, tendría una masa total de 8120 kg y estaría compuesta por tres partes distintas: un módulo de propulsión iónica, un orbitador y una sonda de aterrizaje para estudiar la superficie de Mercurio.

    Merkuriy-P usaría la misma plataforma Dvina-TM de NPO Lávochkin y la misma fase iónica que la misión Sokol-Laplace y Mars-Grunt (NPO Lavochkin).

    Y es que Merkuriy-P se convertiría en la primera sonda que aterrizase en Mercurio, el único planeta del Sistema Solar interior en el que todavía no se ha posado un artefacto humano. No se trata de una tarea fácil, ya que aterrizar en la superficie de este mundo es una de las misiones energéticamente más exigentes que podemos llevar a cabo dentro de nuestro sistema planetario, de ahí la importancia de incorporar un módulo de propulsión de plasma.

    Después del lanzamiento mediante un cohete Soyuz-2 en 2019, la nave utilizaría los motores de plasma para minimizar el tiempo de vuelo. La misión incluiría además un sobrevuelo de Venus antes de alcanzar la órbita de Mercurio en 2024. El orbitador permanecería en una órbita de 400 x 12000 km alrededor del planeta, mientras que el aterrizador de 710 kg se separaría para situarse en una órbita de 40 x 400 km. La sonda procedería entonces a realizar la maniobra de descenso. A poca altura sobre la superficie se separaría una pequeña estación oval de 40 kg. Protegida por airbags, la sonda botaría varias veces antes de abrir sus pétalos y desplegar sus intrumentos.

    Fase de inserción orbital y aterrizaje en Mercurio (NPO Lavochkin).

    Distintas maniobras orbitales antes del descenso final (NPO Lavochkin).

    Si este esquema te parece familiar, es normal, porque se trata de una versión moderna del sistema empleado en el aterrizaje de las sondas lunares soviéticas Ye-6M (Luna 9 y Luna 13) de mediados de los años 60. La sonda Luna 9 fue la primera nave espacial que logró alunizar de forma suave sobre nuestro satélite y su biznieta Merkuriy-P pretende lograr la misma hazaña en Mercurio. Todo un ejemplo de cómo reutilizar una tecnología efectiva con décadas de antigüedad.

    Merkuriy-P aterrizando en Mercurio mediante el uso de dos airbags (NPO Lavochkin).

    El aterrizador de Merkuriy-P sería muy similar a la sonda Luna-9 (Ye-6M) soviética de 1966.

    No hace falta decir que estamos ante un proyecto sumamente ambicioso con pocas o nulas posibilidades de ser aprobado sin que medie algún tipo de colaboración internacional, ¿pero a quién no le gustaría ver la superficie de Mercurio de cerca?

    domingo, agosto 28, 2011

    Entrevista sobre el transbordador en El Aleph

    El pasado julio participé en el último programa de la novena temporada de El Aleph. El tema de la entrevista fue la retirada del transbordador espacial norteamericano y el incierto futuro al que se enfrenta el programa espacial tripulado de la NASA. Puedes escuchar el programa en tu navegador aquí o bien descargarlo directamente en formato mp3 aquí (14.51 MB).

    Y aprovechando el final de temporada, me gustaría mandar desde aquí un cordial saludo al equipo del El Aleph y agradecerles el haber contado conmigo estos últimos meses.


    sábado, agosto 27, 2011

    Vozdushni Start, lanzando cohetes desde el aire

    La idea de lanzar cohetes espaciales desde un avión es bastante antigua. En las últimas décadas se han concebido decenas de proyectos capaces de poner en órbita satélites mediante sistemas de lanzamiento aéreos, pero sólo el Pegasus XL de la compañía norteamericana Orbital ha logrado ver la luz. ¿Y por qué esta obsesión con este método tan curioso? Muy sencillo, porque los lanzamientos desde el aire son una manera bastante elegante de minimizar las pérdidas energéticas de un lanzador. Veamos brevemente cómo.

    Lanzamiento de un Pegasus-XL desde un avión Lockheed L-1011 TriStar (Orbital).

    Cuando lanzamos un cohete al espacio, hay varios factores que penalizan el rendimiento del vehículo. El más importante es el debido a las pérdidas gravitatorias, es decir, la energía que debe invertir el cohete en salir del pozo gravitatorio de la Tierra. Cuanto más tiempo pasemos acelerando el cohete hasta alcanzar la velocidad orbital, mayores serán las pérdidas, motivo por el cual los sistemas lanzamiento con mayor empuje en las primeras etapas son más eficientes. En general, un cohete pierde entre 1 km/s y 1,5 km/s en luchar contra la gravedad terrestre, así que debe llevar mucho más combustible del que necesitaría si acelerase desde cero lejos de un pozo gravitatorio. Para reducir este factor, lo ideal sería que el cohete permaneciese el menor tiempo posible en una trayectoria vertical y que nada más despegar adoptase una posición horizontal, pero este requisito entra en conflicto con otro factor como es el rozamiento atmosférico.

    Y es que el rozamiento atmosférico es otro problema a tener en cuenta, aunque se da la curiosa circunstancia de que los cohetes más grandes se ven menos afectados que los pequeños (el rozamiento depende de la superficie, pero la masa del cohete depende del volumen). Pese a que el rozamiento atmosférico no produce pérdidas energéticas muy serias (unos 150 m/s), obliga a diseñar los lanzadores de tal forma que sean capaces de soportar el calor y las tensiones que se producen durante el paso por la máxima presión dinámica (Max Q), requisitos que redundan en un aumento de la masa final del sistema. Para reducir la pérdida energética por rozamiento, los cohetes siguen una trayectoria vertical hasta dejar atrás la mayor parte de la atmósfera terrestre y sólo entonces cambian su trayectoria hasta alcanzar la horizontal, más eficiente para minimizar las pérdidas ocasionadas por el pozo gravitatorio terrestre.

    El tercer factor de pérdida de eficiencia energética es el que se origina al lanzar un cohete desde una base situada a latitudes distintas del ecuador. Lo ideal en un lanzamiento orbital es aprovechar al máximo la rotación terrestre para aumentar la carga útil del vehículo (a no ser que queramos alcanzar una órbita polar). Y si queremos llegar a la órbita geoestacionaria (que es donde está el negocio de lanzamiento de satélites), entonces nos interesa sobremanera aprovechar este empujoncito extra que nos proporciona la Tierra. Si despegamos desde el ecuador podemos regalar a nuestro cohete unos 300-400 m/s adicionales.

    Por lo tanto, si lanzamos un cohete desde un avión subsónico a 10 kilómetros de altura podremos reducir todas estas pérdidas de manera significativa. La mayor altura de lanzamiento implica menores pérdidas gravitatorias y la menor densidad atmosférica reduce el rozamiento de forma dramática (otra ventaja adicional de la baja densidad es que las toberas de los motores de la primera etapa pueden diseñarse de forma más eficiente). Además, el avión puede lanzar el cohete desde el mismísimo ecuador si así lo deseamos, aunque en realidad podemos aprovechar cualquier órbita posible. En este caso, las limitaciones se centran en la infraestructura terrestre (estaciones de seguimiento, normas de seguridad, aeropuertos de partida, etc.).

    Podemos entender entonces el interés en desarrollar un sistema de estas características. Actualmente, el problema estriba en buscar una plataforma de lanzamiento -es decir, un avión- adecuada. Se puede lanzar un cohete desde la parte superior o inferior de la aeronave, o bien desde un soporte subalar, pero claro, a no ser que dispongamos de un avión monstruoso, la masa de nuestro cohete (y su carga útil) está seriamente limitada por las características del avión elegido.

    Dicho de otra forma, los sistemas de lanzamiento aéreos son sencillos de desarrollar si hablamos de pequeños satélites en órbita baja (LEO). Por ejemplo, el Pegasus XL sólo es capaz de poner 443 kg en LEO usando el avión subsónico Lockheed L-1011 TriStar como plataforma de lanzamiento. Sin embargo, como ya hemos señalado, el negocio está en la órbita geoestacionaria, no en LEO. Entonces, ¿cómo podemos lanzar un cohete grande desde el aire? Lo ideal sería contar con un avión gigante supersónico (o mejor aún, hipersónico) que pudiese transportar nuestro lanzador, pero lamentablemente no existe ningún sistema así en servicio. La empresa Yakovlev sugirió en los años 90 el proyecto Diana-Burlak, también conocido como HAAL (High Altitude Aerial Launch), un sistema parecido al Pegasus de Orbital, pero usando el bombardero supersónico Tupolev Tu-160 como plataforma. Al viajar a 1,7 Mach y 14 kilómetros de altura, Burlak hubiese sido capaz de situar 1130 kg en LEO. Lo que no está nada mal, pero sigue siendo insuficiente para el mercado de satélites geoestacionarios. El proyecto ruso-kazajo Ishim también contemplaba el lanzamiento de cohetes desde un MiG-31 modificado, aunque en este caso estamos hablando de pequeños microsatélites.

    Sistema Burlak (Novosti Kosmonavtiki).


    Proyecto Ishim.

    Por tanto, la única solución rentable a corto plazo es centrarse en los aviones que estén actualmente en servicio. Gracias a su gran tamaño y prestaciones, el Antonov An-124 Ruslan es el candidato ideal para servir plataforma de lanzamiento. La enorme bodega de carga del An-124 puede usarse para transportar en su interior un cohete. Una vez alcanzada la altura deseada, el lanzador se dejaría caer por la puerta trasera de carga. Poco después desplegaría un paracaídas para estabilizar y frenar su descenso, momento en el cual encendería sus motores. Y voilà, ya tenemos nuestro sistema de lanzamiento aéreo operativo.

    Este sistema puede parecer mucho menos eficiente que lanzar el cohete desde un soporte situado en el avión. Y de hecho lo es, pero no muchísimo menos. Para aprovechar al máximo los beneficios de un lanzamiento aéreo, el cohete debería usar alas (como el Pegasus XL) y tendría que despegar formando 25º con la horizontal. De esta forma, poseería una ventaja de unos 490 m/s con respecto a un despegue convencional desde tierra. En el caso de un lanzamiento aéreo con paracaídas, la ventaja se reduce a 365 m/s. Estas cifras pueden parecer modestas si las comparamos con los casi 8 km/s necesarios para alcanzar la órbita baja, pero no debemos olvidar la ecuación del cohete. Esos 365 m/s adicionales nos permiten diseñar un lanzador mucho más pequeño para una carga útil determinada.

    De hecho, lanzar un cohete desde un avión mediante paracaídas no es un concepto nuevo y ya en los años 70 la URSS y los Estados Unidos estudiaron seriamente la viabilidad de este sistema, aunque el objetivo era entonces el lanzamiento de misiles balísticos intercontinentales, no satélites.

    Proyecto norteamericano para lanzar naves militares desde un C-5 Galaxy (The Space Review).


    Prueba de despliegue de un misil Minuteman desde un C-5 en 1974 (USAF).

    Pero es la compañía rusa Vozdushni Start (Воздушный Старт / Air Launch) la que más cerca ha estado de crear un sistema de lanzamiento comercial de este tipo. Vozdushni Start lleva desde 1999 promoviendo la idea de usar un avión An-124 ligeramente modificado (denominado Antonov An-124-100VS) para lanzar un cohete Polyot desde la bodega de carga del aparato. El lanzador tendría capacidad para colocar 3900 kg en LEO o 650 kg en órbita geoestacionaria (o bien 1500 kg en una órbita de transferencia geoestacionaria). No es mucho, cierto, pero con un ritmo de lanzamientos lo suficientemente alto, el sistema podría ser rentable.


    Sistema de lanzamiento Vozdushni Start (Vozdushni Start).

    An-124-100VS (Vozdushni Start).

    Posibles órbitas que puede alcanzar Vozdushni Start desde una base de operaciones en Rusia (Vozdushni Start).

    Etapas del lanzamiento (Vozdushni Start).

    La estrella de Vozdushni Start es obviamente el cohete Polyot, un lanzador de dos etapas (más una etapa superior para misiones a la órbita geoestacionaria) de 32,5 x 3,2 metros. Tendría una masa de 102 toneladas y emplearía en su primera fase un motor NK-43M, construido originalmente para el malogrado cohete lunar N1 soviético. La segunda etapa, también a base de queroseno y oxígeno líquido, usaría un motor de cuatro cámaras RD-0124, similar al empleado en la tercera etapa del cohete Soyuz-2.1b. Para las misiones a GEO, se utilizaría una etapa superior de kerolox con un motor RD-0158. A diferencia de otros sistemas de lanzamiento aéreo, el cohete Polyot no haría uso de paracaídas para frenar su descenso, lo que permite aumentar la masa útil del vehículo.

    Cohete Polyot (Vozdushni Start).

    Motor RD-0124 de la segunda etapa (KBKhA).

    En un principio se pensó usar como segunda etapa un Blok-DM (11D58M) construido por RKK Energía (fabricante de las naves Soyuz), idéntico al usado en algunos lanzamientos del cohete Protón-M. También se jugó con la idea de utilizar un cohete de combustible sólido como primera fase, menos eficiente, pero de menor volumen (y por lo tanto más fácil de usar en el interior de un avión).

    Diseño original del cohete Polyot para Vozdushni Start, con una segunda etapa Blok-D de RKK Energía (Novosti Kosmonavtiki).

    Vozdushni Start está financiada por las empresas AK Polyot, KB Makeyev (fabricante de los misiles de submarinos soviéticos) y Aerokosmos. La compañía RKK Energía decidió desvincularse por completo del proyecto el año pasado. KB Makeyev ya intentó sin éxito a mediados de los 90 promover un sistema de lanzamiento aéreo usando los cohetes Shtil-3A y Rif-MA, con capacidad para 600-1000 kg en LEO. Estos lanzadores debían emplear la tecnología de los misiles balísticos lanzados desde submarinos RSM-54 y RSM-53, respectivamente. Además del An-124, Makeyev estudió la posibilidad de usar el Ilyushin Il-76MD, el Tu-160 o incluso el enorme An-225 Mriya como plataforma. Finalmente, se decantó por la bodega de carga del An-124 para lanzar el Pribor-M, un cohete creado por la combinación del Shtil-3A y el Rif-MA que serviría de base para el Polyot.

    Pribor-M, el antecesor del cohete Polyot (Novosti Kosmonavtiki).

    Desde 2005, Vozdushni Start ha firmado varios acuerdos con el gobierno de Indonesia para situar la base de operaciones de los aviones An-124-100VS en la isla de Biak, lo que facilitaría los lanzamientos en el ecuador. Todo parecía listo para que el proyecto fuese un éxito. En 2005, Vozdushni Start esperaba comenzar sus operaciones en 2007.

    Operaciones de Vozdushni Start desde Indonesia (Vozdushni Start).

    Sin embargo, las cosas se torcieron a partir de 2008. La crisis mundial y la baja demanda de lanzamientos no ayudaron a aumentar la popularidad del concepto. Por otro lado, las incertidumbres en la explotación del An-124-100VS (que debe efectuar una arriesgada maniobra para liberar al lanzador de la bodega de carga), la cuestionada viabilidad del cohete Polyot y el incierto futuro de la producción del NK-33/NK-43 han sido claves en el retraso de Vozdushni Start. Además, de acuerdo con los propios cálculos de la empresa, cada lanzamiento saldría por unos 23 millones de dólares, una cifra bastante elevada para un proyecto tan arriesgado.

    Curiosamente, desde hace unos años Ucrania intenta desarrollar un proyecto similar al Vozdushni Start denominado Space Clipper. En vez de un cohete Polyot, Space Clipper usaría el lanzador Orel (Орiль,"águila") desarrollado por KB Yuzhnoe (fabricante de los cohetes Zenit) y con una capacidad en LEO de 1-1,5 toneladas. KB Yuzhnoe ha propuesto además el ambicioso proyecto Svityaz, consistente en lanzar una versión del Zenit desde el Antonov An-225. Svityaz podría poner en órbita hasta 7 toneladas, una cifra realmente asombrosa. Estas propuestas ucranianas tienen pocas posibilidades de fructificar, pero, por otro lado, la falta de un cosmódromo propio podría ser un aliciente importante de cara a la viabilidad del proyecto en el futuro.

    Proyecto Orel (KB Yuzhnoe).

    Proyecto Svityaz (KB Yuzhnoe).

    Microspace, otra propuesta ucraniana para lanzar microsatélites usando un MiG-25 o un F-15 (KB Yuzhnoe).

    En Estados Unidos, el consorcio AirLaunch pretende lanzar cohetes QuickReach I desde aviones militares C-17A. AirLaunch ha llegado a lanzar prototipos desde aeronaves reales, aunque se trata de un proyecto considerablemente más modesto, con una capacidad máxima en LEO de solamente 635 kg. Cada cohete QuickReach tiene una masa de 22,7 toneladas y unas dimensiones de 19,8 x 2,46 metros.

    Una maqueta del cohete QuickReach es desplegada desde un C-17 durante una prueba en 2005 (AirLaunch).

    En cuanto a Vozdushni Start, actualmente se halla en el limbo. La propia empresa Polyot afirmó este verano que el proyecto ya no estaba entre sus prioridades a corto plazo y el futuro del proyecto es cada vez más negro. Una pena, porque se trata de una idea realmente original. ¿Veremos algún día un cohete de gran tamaño transportado por un avión?

    Referencias:
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