viernes, septiembre 30, 2011

Los asteroides le dan un respiro a la Tierra

Si precisamente hace unos días hablábamos del peligro que suponen para nuestra civilización los asteroides cercanos a la Tierra, ayer la NASA anunciaba los últimos resultados del telescopio infrarrojo WISE y parece que podemos respirar tranquilos. Porque uno de los objetivos de este observatorio espacial era realizar un censo de la población de asteroides cercanos a la Tierra, denominados NEAs (Near Earth Asteroids) o NEOs (Near Earth Objects). Y parece que hay menos de los que pensábamos.

Según WISE, el número de asteroides cercanos sería muy inferior al esperado (NASA).

Los NEAs son todos aquellos asteroides con un perihelio igual o inferior a 1,3 UA y tienen una probabilidad no nula de impactar contra nuestro planeta, de ahí el interés en estudiarlos. Al trabajar en el infrarrojo (3-22 micras), WISE era capaz de descubrir cuerpos menores del Sistema Solar (asteroides o cometas) que resultan invisibles para los observatorios terrestres. En infrarrojo, el brillo de los asteroides es proporcional a su tamaño, a diferencia de lo que ocurre en longitudes de onda del visible, donde el albedo superficial no se corresponde con sus dimensiones.

Pero vayamos al grano: de acuerdo con los resultados de WISE, deben existir 981±19 NEAs con un tamaño superior a 1 kilómetro y 20500±3000 con un tamaño por encima de los 100 metros. Esta última cifra es especialmente relevante, ya que la principal amenaza para nuestro planeta son los asteroides de 100-300 metros de diámetro. Las estimaciones de WISE son muy inferiores a las predicciones de la mayoría de los modelos -algunos de los cuales hablaban de 36000 objetos-, pero antes de cantar victoria debemos tener en cuenta que solamente se han descubierto unos 8000 asteroides cercanos, de los cuales 5200 tienen un tamaño superior a 100 metros.

Resultados de WISE: NEOs conocidos (verde), NEOs descubiertos por WISE (rojo), cometas conocidos (azul) y cometas descubiertos por WISE (amarillo). El resto de puntos negros son asteroides (NASA).

Estimación del número de NEOs en función de su tamaño de acuerdo con WISE (NASA).

El número de NEOs no es constante, ya que estos cuerpos forman una población dinámica. De hecho, las interacciones gravitatorias con los planetas del Sistema Solar interior provocan que un asteroide sea parte de la familia NEO durante una media de 1-100 millones de años "solamente". WISE fue lanzado el 14 de diciembre de 2009 y su misión principal se extendió desde el 14 de enero al 5 de agosto de 2010, momento en el cual se agotó el refrigerante criogénico. En total, esta misión ha descubierto 135 nuevos NEOs.

Al observar en infrarrojo, WISE puede determinar mejor el número de asteroides, ya que en el visible hay una fuerte desviación por el albedo de los cuerpos (NASA).

Suponiendo que las estimaciones del número de NEOs sean correctas -porque no debemos olvidar que son sólo eso, estimaciones-, la Tierra es hoy un lugar un poco más seguro que ayer. Las buenas noticias son que ya hemos identificado al 90% de todos los NEOs con un tamaño superior a un kilómetro. Las malas son que todavía nos quedan por descubrir más de 15000 asteroides cercanos con un diámetro por encima de 100 metros. Y alguno de ellos podría estar en ruta de colisión con nuestro planeta en estos momentos.

Referencias:





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jueves, septiembre 29, 2011

El cohete de aterrizaje vertical de SpaceX

La empresa SpaceX tiene una difícil tarea por delante. Sobre sus espaldas recae el reto de desarrollar la nave Dragon para enviar suministros a la ISS, una misión fundamental tras la retirada del transbordador espacial. La Dragon tiene además tiene todas las papeletas para convertirse en la próxima nave tripulada de los Estados Unidos. En su versión con astronautas, se caracterizará por usar un sistema de aterrizaje vertical mediante cohetes de combustible sólido similar al que debe emplear la futura nave rusa PTK-NP.

La primera etapa de un Falcon 9 aterrizando de forma vertical para ser reutilizada (SpaceX).

Pero si por algo se distingue SpaceX es por proponer el más difícil todavía incluso antes de haber completado sus objetivos inmediatos. Aunque aún no ha acoplado ni una sola nave a la ISS, SpaceX pretende mandar un ejemplar de la Dragon nada más y nada menos que a Marte. Y no contentos con este reto, están desarrollando el que con -mucha- suerte será el lanzador más potente en servicio, el Falcon Heavy. Llegados a este punto, era inevitable que SpaceX nos volviese a sorprender con alguna nueva propuesta. La última "locura" de Elon Musk consiste en un Falcon 9 que será no solo reutilizable, sino que además estará equipado con etapas capaces de regresar al lugar del lanzamiento de forma autónoma.

La primera etapa estará dotada de un tren de aterrizaje de cuatro patas y aterrizará verticalmente. La segunda fase hará lo mismo, pero debido a su mayor velocidad de reentrada tendrá un escudo térmico derivado del de la Dragon. Las dos fases aterrizarán en el Cabo Cañaveral y serán procesadas para un lanzamiento posterior.

La primera etapa da la vuelta y utiliza tres de sus nueve motores Merlin para frenar antes de descender sobre Florida (SpaceX).

La segunda etapa frena y reentra en la atmósfera antes de aterrizar, por lo que está dotada de un escudo térmico (SpaceX).

Vídeo del cohete Falcon 9 reutilizable:


(Por cierto, a todas estas, se rumorea que la versión tripulada podría llamarse DragonRide).

¿Es todo esto una locura sin sentido? Es posible, pero no podemos negar la genialidad de la idea, aunque no sea un concepto en absoluto novedoso. De entrada, SpaceX parece que va en serio, ya que ha propuesto el desarrollo del vehículo experimental reutilizable Grasshopper RLV, formado por una primera fase de un Falcon 9 con un solo motor Merlin-1D y un tren de aterrizaje. El Grasshopper permitirá introducir todas las técnicas y tecnologías necesarias para la versión de aterrizaje vertical del Falcon 9.

Independientemente de la viabilidad de la idea, el problema es que SpaceX se ha puesto el listón tan alto que va a ser casi imposible que no nos decepcione más tarde o temprano.

Cápsula Dragon tripulada de aterrizaje vertical (SpaceX).

Lanzamiento Protón-M/Briz-M (QuetzSat-1)

Hoy jueves 29 de septiembre a las 18:32 UTC, la empresa ILS (International Launch Services) ha lanzado un cohete Protón-M/Briz-M con el satélite de comunicaciones QuetzSat-1 desde la rampa PU-24 del Área 81 del cosmódromo de Baikonur (NIIP-5/GIK-5). Se trata del segundo lanzamiento de un Protón en menos de diez días después de la misión que puso en órbita el satélite Garpun.

Cohete Protón-M con el QuetzSat-1 (Khrunichev).

QuetzSat-1

El QuetzSat-1 es un satélite de comunicaciones geoestacionario construido por Space Systems Loral para la empresa de comunicaciones SES usando la plataforma SS/L 1300. Tiene una masa de 5514 kg y su vida útil se estima en 15 años. QutzSat-1 estará situado en la posición 77º oeste, desde donde emitirá para toda norteamérica bajo control de la empresa mexicana QuetzSat (en la cual SES participa) gracias a sus 32 transpondedores en banda Ku.

QuetsSat-1 (ILS).


Protón-M/Briz-M

El cohete Protón-M (8K82KM) es un lanzador de tres etapas y una fase superior con una masa en seco de 53,65 toneladas y 712,8 toneladas cargado de propergoles. Sus dimensiones sin la carga útil son de 42,3 x 7,4 m. La empresa estatal rusa GKNPTs Khrúnichev es la encargada de fabricar el Protón-M. Este lanzador se oferta en el mercado internacional por la compañía ILS (International Launch Services), de la cual Khrúnichev es el principal accionista. Tiene capacidad para poner 21,6 toneladas en una órbita baja de 200 km y una inclinación de 51,6º. También es capaz de situar 6920 kg en una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO) o bien 3250 kg en la órbita geoestacionaria (GEO), lo que lo convierten en el lanzador ruso más potente en servicio. El Protón-M incorpora además la etapa superior Briz-M (14S43) de combustibles hipergólicos, también construida por Khrúnichev.

Cohete Protón-M/Briz-M (ILS).

Prestaciones del Protón-M (ILS). 


La primera etapa (Protón KM-1 ó 8S810M) está formada por un tanque central de tetróxido de nitrógeno rodeado de seis pequeños tanques de UDMH (dimetilhidrazina asimétrica). Sus dimensiones son de 21,18 x 7,4 m y su masa en seco es de 30,6 toneladas (428,3 t con combustible). Está construido usando las aleaciones de aluminio soviéticas AMg-6 y V95. Hasta la década de los 80 los analistas occidentales pensaban que los tanques exteriores eran aceleradores independientes -siguiendo el modelo de distribución del cohete Soyuz-, pero en realidad esta curiosa distribución se debe a la necesidad de transportar hasta Baikonur los componentes del cohete por separado en el  ferrocarril (los túneles imponen el radio máximo).

En la base de cada tanque de hidrazina, de 19,86 m de largo, hay seis motores RD-276 (RD-275M ó 14D14M). El RD-276 es una versión ligeramente mejorada del RD-275 (14D14), diseñado por NPO Energomash. Cada uno tiene un empuje de 1590 kN a nivel del mar y 1750 kN en el vacío, así como un impulso específico de 289-316 segundos, generando unos 10 MN de empuje en total. El RD-275 debutó en octubre de 1995 y es el motor cohete hipergólico en servicio más potente del mundo. El RD-275 deriva a su vez del RD-253 (11D43), de 1474 kN de empuje. Cada uno de los RD-275 pueden moverse un rango de 7,5º gracias a actuadores hidráulicos, lo que permite el giro del cohete para orientarse en azimut después del lanzamiento. En 2007 se introdujo el RD-275M -también denominado RD-276- un 5,2% más potente, lo que ha permitido aumentar la masa útil lanzada a la órbita de transferencia geoestacionaria (GTO) en unos 150 kg. Los motores de la primera etapa funcionan durante 127 segundos.

La segunda etapa (Protón KM-2 ó 8S811K) incorpora tres motores RD-0210 y un RD-0211 (de 588 kN de empuje y 321 s de Isp cada uno, con un empuje de 2,4 MN en total), diseñados por KB Khimavtomatika (KBKhA, antigua OKB-154 de Semyon Kosberg, localizada en Voronezh). La diferencia entre el RD-0211 y el RD-0210 es que el RD-0211 incorpora partes del sistema de presurización del RD-253/275. Cada motor puede moverse 3,25º alrededor de su eje central para maniobrar el vehículo. Esta segunda etapa del Protón está basada en el malogrado misil UR-200 de Cheloméi. Sus dimensiones son de 17,05 x 4,1 m y su masa es de 11,715 kg (157,3 kg con combustible). La anterior versión Protón-K empleaba motores RD-0209 y RD-0209. Los motores de la segunda etapa funcionan durante 210 segundos.

La tercera etapa (Protón KM-3 ó 8S812M) lleva un motor RD-0212 fabricado por KBKhA, formado a su vez por un motor de una cámara RD-0213 (582,1 kN y 320 s de Isp) y otro con cuatro cámaras RD-0214 (30,98 kN y 287 s de Isp) que funciona como vernier. En esta etapa se encuentra el sistema de control del cohete diseñado por la compañía NIIP (antigua NII-885 de Pilyugin). Sus dimensiones son de 4,11 x 4,1 m y su masa de 3500 kg (46,562 toneladas con combustible). La tercera etapa funciona durante 241 segundos.

El Protón-M incorpora además la etapa superior Briz-M (14S43) de combustibles hipergólicos y también construida por Khrúnichev. La Briz-M suele realizar cuatro o cinco encendidos para transportar la carga hasta la órbita geoestacionaria. Tiene unas dimensiones de 2,61 x 4,0 m, una masa de 2370 kg (19 800 kg con combustible) e incorpora un motor RD-2000 (S5.98 M/14D30) de 19,62 kN de empuje, así como cuatro motores 11D458M (RDMT-400, de 40 kgf de empuje) de orientación y doce pequeños propulsores de actitud RDMT-12 (17D58E, de 1,36 kgf de empuje). Tiene un de un diseño muy original con un cuerpo central (TsTB, Tsentralni Toplivni Bak/Центральный Топливный Бак, ЦТБ, "tanque de combustible central"), donde se instala el motor principal, y un tanque exterior desechable de forma toroidal (DTB, Dopolnitelni Toplivni Bak/Дополнительный Топливный Бак, ДТБ, "tanque de combustible adicional"). La Briz-M actualmente en servicio es la versión Phase III, que introduce dos tanques de gases para la presurización con 80 litros de capacidad en vez del diseño anterior con seis tanques.


Fases del lanzamiento de un Protón:
  • T-13 horas 30 minutos: activación de la etapa de ascenso (Briz-M o Blok DM-2).
  • T-7 horas: carga de combustible.
  • T-5 horas: empiezan las actividades del lanzamiento.
  • T-3,1 segundos: comienzo de la secuencia de ignición.
  • T-1,75 s: ignición de los seis motores RD-275 de la primera etapa a 40% del empuje.
  • T-0,15 s: los motores a 107% de empuje.
  • T-0 s: lanzamiento.
  • T+0,5 s: confirmación del lanzamiento.
  • T+10 s: maniobra de giro para que el cohete cambie su azimut y alcance la órbita con la inclinación prevista.
  • T+65,5 s: máxima presión dinámica (Max Q). Velocidad: 465 m/s. Altura: 11 km.
  • T+119 s: ignición de la segunda etapa.
  • T+123,4 s: separación de la primera etapa. Velocidad: 1724 m/s. Altura: 40 km.
  • T+332,1 s: ignición de los cohetes vernier de la tercera etapa.
  • T+334,5 s: apagado de la segunda etapa.
  • T+335,2 s: separación de la segunda etapa mediante seis pequeños retrocohetes de combustible sólido. Velocidad: 4453 m/s. Altura: 120 km.
  • T+337,6 s: ignición del motor principal de la tercera etapa.
  • T+348,2 s: separación de la cofia protectora. Velocidad: 4497 m/s. Altura: 123 km.
  • T+576,4 s: apagado del motor principal de la tercera etapa.
  • T+588,3 s: apagado de los motores vernier de la tercera etapa.
  • T+588,4 s: separación de la carga con la etapa superior. Velocidad: 7182 m/s. Altura: 151 km.
Fases del lanzamiento (Roskosmos).

Órbita de transición (ILS).

Encendidos de la etapa Briz-M necesarios para alcanzar la órbita geoestacionaria (ILS).

 
Traslado a la rampa (Khrunichev).


 Lanzamiento (Roskosmos).

Vídeo del traslado a la rampa:

Lanzamiento del Tiangong-1 (CZ-2F/G)

China se ha convertido hoy en la tercera nación del planeta Tierra que ha lanzado una estación espacial. A las 13:16 UTC despegaba desde el Centro de Lanzamiento de Jiuquan un cohete Larga Marcha CZ-2F/G con la estación no tripulada Tiangong-1 (天宫一号, "palacio celeste" en mandarín). La órbita inicial fue de 200 x 346,9 kilómetros y 42,75º de inclinación.

Tiangong-1.

Tiangong-1

El TIangong-1 (TG-1) es un pequeño laboratorio orbital de 8,5 toneladas con una longitud de 9 metros (10,4 metros con el sistema de acoplamiento) y un diámetro máximo de 3,35 metros. Está formado por un módulo de servicio  (资源舱, zīyuáncāng) con los sistemas de propulsión y dos paneles solares, así como una sección presurizada (实验舱, shíyàncāng) de 15 metros cúbicos donde podrán vivir los astronautas. Tiene un puerto de atraque frontal dotado de un sistema de acoplamiento andrógino derivado del APAS-89 ruso con una escotilla de 0,8 metros de diámetro. El Tiangong-1 tiene una vida útil de dos años y estará situado en una órbita inicial de 350 km de altura.

A principios de noviembre debe despegar la Shenzhou-8 sin tripulación para acoplarse al Tiangong-1. La misión conjunta durará unos 12 días y servirá para demostrar las técnicas de acoplamiento automático necesarias para mantener operativa una estación espacial. En 2012 despegará la Shenzhou-9, probablemente con dos astronautas, para inaugurar la presencia humana en el Tiangong-1. La Shenzhou-10 con dos o tres tripulantes también se acoplará al TG-1. Entre 2014 y 2020, China lanzará otros dos Tiangong con el fin de ganar experiencia en el manejo de estaciones espaciales. El Tiangong-3 podría estar dotado de dos puertos de atraque. En 2020 se lanzaría un módulo de 20 toneladas mediante un Larga Marcha CZ-5 que servirá como núcleo de una estación permanente de 60 toneladas.



Tiangong-1.

Detalle del módulo de servicio del Tiangong.


Interior del Tiangong.


Larga Marcha CZ-2F/G

El Larga Marcha CZ-2F/G (长征二号F/G) es un cohete de dos etapas y cuatro aceleradores con una capacidad en órbita baja de 8600 kg. Es una variante mejorada del CZ-2F empleado para las misiones Shenzhou, a su vez basado en el CZ-2E. Tiene una masa de 493 toneladas, una longitud de 52 metros y un diámetro de 3,35 metros en la etapa central. El diámetro total es de 8,45 metros. A diferencia del CZ-2F, el CZ-2F/G no necesita torre de escape y usa una cofia simple de 12,7 x 4,2 metros. El sistema de navegación del CZ-2F/G hace uso de señales GPS para aumentar su precisión. El CZ-2F/G emplea combustibles hipergólicos en todas sus etapas (dimetilhidrazina asimétrica y tetróxido de nitrógeno).

CZ-2F/G (CCTV).

La primera etapa (L-180) tiene unas dimensiones de 28,465 x 3,35 metros y una masa al lanzamiento de 198,830 kg (12550 kg al vacío). Emplea un motor YF-21B (DaFY 6-2) formado por cuatro motores YF-20B con 2961,6 kN de empuje en total (740,4 kN cada cámara al nivel del mar) y unos 255,6 segundos de impulso específico (Isp). El control de vuelo de la primera etapa se consigue mediante el giro de los motores.

La primera etapa se complementa con cuatro propulsores de combustible líquido LB-40 de 15,326 m x 2,25 m equipados cada uno con un motor YF-20B de 740,4 kN de empuje y un tiempo de encendido de 127,26 segundos.

La segunda etapa, L-90, tiene un tamaño de 14,223 m x 3,35 m, una masa de 91,414 kg (4955 kg en vacío) y emplea un motor YF-24B con un Isp de unos 292 s, dividido en un motor principal YF-22B (DaFY20-1) de 742 kN y uno vernier con cuatro cámaras YF-23B (DaFY21-1) de 11,8 kN cada una. El empuje total de la segunda etapa es de 738,4 kN y funciona durante 414,68 segundos.

El Centro de Lanzamiento de Jiuquan (酒泉卫星发射中心) se encuentra situado en la Provincia de Gansu, en pleno desierto de Gobi. Desde este centro despegan los CZ-2F con las naves tripuladas Shenzhou a bordo. Hasta que se inaugure el nuevo centro de Wenchang (文昌卫星发射中心) en Hainan, Jiuquan sigue sienfo el centro de lanzamiento más moderno del país. Las instalaciones están divididas en dos zonas: una dedicada a la integración de vehículos -en la que destaca el Edificio de Ensamblaje Vertical, muy similar al VAB estadounidense (pero mucho más pequeño)-, y otra con dos rampas de lanzamiento.

Los tres cosmódromos chinos en activo: XSLC (Xichang), TSLC (Taiyuan) y JSLC (Jiuquan) (CALT).

El centro de Jiuquan visto en Google Earth: a la derecha se ven las dos rampas (Google).

Rampa número dos (Google).

Zona de integración de Jiuquan (CALT).

Interior del edificio de ensamblaje vertical (CALT).

Traslado a la rampa.

El cohete en la rampa.

 Lanzamiento (CCTV).


Vídeo del lanzamiento:


miércoles, septiembre 28, 2011

Cómo proteger a la Tierra de los asteroides

El 7 de octubre de 2008, un asteroide colisionó con la Tierra creando una explosión con una potencia equivalente a uno o dos kilotones. Las buenas noticias son que el asteroide se desintegró a gran altura sobre el desierto nubio, en una zona prácticamente deshabitada situada al norte de Sudán. ¿Y las malas noticias? Pues que tamaña explosión fue causada por una pequeña roca denominada 2008 TC3 que apenas tenía cinco metros de diámetro. ¿Qué habría pasado con un objeto mucho mayor, digamos de unos cuantos kilómetros? Pues nos lo podemos imaginar: un cráter enorme, tsunamis gigantescos, invierno nuclear, extinción masiva de especies animales y vegetales...vamos, lo que vendría a ser el fin de nuestra civilización.

Esto es lo que queremos evitar (Don Dixon).

Pero todos sabemos qué se debe hacer si detectamos un asteroide en ruta de colisión hacia la Tierra. No tenemos más que llamar a Bruce Willis y nos resolverá el problema en un momento con ayuda de un par de transbordadores modificados y varias cabezas termonucleares. ¿O no? ¿Realmente es tan sencillo?¿Terminaremos como los dinosaurios víctimas de un pérfido asteroide?


Trayectoria de impacto de 2008 TC3 (NASA).


Midiendo el peligro

Antes de que salgamos corriendo hacia el refugio antiasteroides más cercano, debemos evaluar las posibilidades de que semejante suceso tenga lugar durante nuestra vida. Los impactos de cuerpos menores -tanto cometas como asteroides- son muy frecuentes, como bien pueden atestiguar la mayoría de superficies planetarias y de satélites del Sistema Solar, casi todas ellas cuajadas de cráteres de todos los tamaños. Pero claro, son frecuentes en términos astronómicos. Hay millones de asteroides y cometas, pero sólo una pequeña fracción poseen órbitas cercanas a al Tierra. Y de éstos, sólo un número aún menor es potencialmente peligroso.

Por ejemplo, el objeto que se cree contribuyó a la extinción de los dinosaurios tenía un tamaño de ocho o diez kilómetros. De acuerdo con los cálculos actuales, la Tierra recibe un impacto de estas características cada cien millones de años. Mucha mala suerte tendríamos que tener para que nos cayese un pedrusco de estas dimensiones en las próximas décadas o siglos. Pero no necesitamos un asteroide tan grande para causar una desgracia. Un cuerpo de tan sólo doscientos metros de diámetro sería capaz de provocar decenas de miles de muertes dependiendo del lugar del impacto.

Estructuras de impacto en la Tierra (NASA). 

La huella de impacto más conocida: el cráter Barringer (NASA).

Los cuerpos menores -la frontera entre asteroides y cometas es inexistente a efectos prácticos- que se hallan cerca de la Tierra reciben la denominación de NEOs (Near Earth Objects), pero los que verdaderamente nos preocupan son los PHO (Potentially Hazardous Objects), aquellos cuerpos que se acercan a menos de 7,5 millones de kilómetros de nuestro planeta. La Tierra está repleta de cicatrices que demuestran que el peligro es real. ¿Cuántos objetos de este tipo hay?¿Con qué frecuencia chocan contra nuestro mundo?

Lo cierto es que no conocemos las respuestas exactas a estas preguntas y de ahí el interés que tiene la investigación en este campo. Pero obviamente sí que podemos dar unas estimaciones. Los NEOs más grandes son también los menos numerosos, de ahí que un impacto como el que creó el cráter de Zhamanshin sólo tendría lugar una vez cada millón de años. O lo que es lo mismo, el riesgo de colisión con un gran asteroide es casi despreciable. Por otro lado, las colisiones de pequeños asteroides como 2008 TC3 son muy frecuentes (una vez al año de media), pero sus consecuencias son prácticamente despreciables.

Potencia generada en el impacto de un asteroide o cometa y su frecuencia. Los puntos rojos corresponden a sucesos o cráteres famosos: Chicxulub (el cráter del objeto que contribuyó a la extinción de los dinosaurios), Zhamanshin (un cráter en Siberia correspondiente a un impacto que causó un invierno nuclear), Barringer (el famoso cráter de Arizona) y Tunguska (la escala no es lineal).

Frecuencia de los impactos de PHOs en función de su tamaño. Las cifras son aproximadas y pueden cambiar fácilmente en un orden de magnitud dependiendo de las fuentes consultadas.

Estimación del número de objetos que pueden chocar con la Tierra en los próximos veinte años. Por ahora no podemos descartar un impacto de un objeto de 100 metros de diámetro.

Es decir, el verdadero peligro reside en los objetos con un tamaño de 50 a 200 metros, que son lo suficientemente numerosos para tener una frecuencia de impacto relativamente elevada, estimada en unos 200-1000 años. A lo que debemos temer no es a una colisión como la que aniquiló a los dinosaurios, sino a un suceso de tipo Tunguska. En junio de 1908, un objeto de unos 60 metros de diámetro colisionó con la Tierra sobre Tunguska, una remota región de Siberia oriental, creando una gigantesca explosión de 15 megatones. Si este pequeño asteroide hubiese impactado contra Europa occidental en vez de caer sobre Siberia habría causado una verdadera tragedia.

Reconstrucción del impacto de Tunguska (Sky and Telescope).

Tenemos catalogados unos 1200 PHOs, la práctica totalidad de ellos asteroides (solamente hay un 1% son cometas), pero los realmente peligrosos son los que no conocemos aún, obviamente. Y hay que tener en cuenta que descubrir un asteroide no implica necesariamente que sepamos si es o no un riesgo para la Tierra. Para ello debemos determinar su órbita con precisión, algo que puede requerir varios meses o años dependiendo de sus efemérides orbitales. Desgraciadamente, los errores instrumentales, la influencia gravitatoria de los planetas del Sistema Solar interior, las perturbaciones de la presión de radiación y el efecto Yarkovsky hacen que sea casi imposible calcular con total exactitud la trayectoria de un asteroide (en el caso de los cometas debemos añadir el efecto debido a los impredecibles chorros generados por la sublimación de los hielos).

Además, hay que tener en cuenta que, aunque pueda parecer lo contrario, la Tierra es un blanco muy pequeño en medio del Sistema Solar y se da la circunstancia de que resulta muy difícil determinar la órbita de un asteroide una vez pasa muy cerca de la Tierra. Efectivamente, las incertidumbres iniciales en la órbita del objeto se multiplican en el caso de que sobrevuelo nuestro planeta a poca distancia. Por ejemplo, hace algunos años el asteroide Apophis hizo saltar todas las alarmas cuando se comprobó que podría chocar con nuestro planeta en 2036 después de pasar por las proximidades de la Tierra en 2019. Hoy sabemos que la probabilidad de colisión es de 1 entre 250000, pero hasta 2006 este objeto de más de 300 metros de diámetro estuvo considerado como de Nivel 1 según la Escala de Torino, todo un récord en la corta historia de la vigilancia de las potenciales amenazas a la Tierra.

Asteroides descubiertos en los últimos años (NASA).

Probabilidad de morir por varias amenazas. El peligro de los asteroides no es acuciante, pero sí real (NASA).


Evitando la tragedia

Como hemos visto, lo primero que debemos hacer para salvar a la Humanidad es descubrir y calcular las órbitas de todos los temibles asteroides asesinos que están por ahí dando vueltas. Y aquí hay un problema, porque cuanto más pequeño es el asteroide más probable es que determinemos su órbita cuando se encuentre demasiado cerca de la Tierra para que podamos hacer algo. Por ejemplo y con la tecnología actual, en el caso de un PHO de 100-200 metros podría transcurrir un periodo de menos de cinco años entre la determinación de su órbita -que no descubrimiento- y el impacto con nuestro planeta. Definitivamente, muy poco tiempo para diseñar una misión espacial de emergencia.

Propuesta de telescopio espacial situado en la órbita de Venus para detectar NEOs (NASA).

La solución ideal para detectar todos los PHOs sería instalar un observatorio espacial infrarrojo situado cerca de la órbita de Venus, ya que los observatorios terrestres son incapaces de descubrir un cuerpo que se dirija hacia la Tierra si se encuentra cerca del Sol visto desde la superficie terrestre. Pero en caso de que no valoremos adecuadamente los riesgos para nuestra civilización y decidamos que no hay dinero para esta costosa misión, otra posibilidad sería poner en órbita a poca distancia de la Tierra una red de observatorios infrarrojos que complementasen a los numerosos telescopios terrestres dedicados a la búsqueda de NEOs y PHOs, lo que nos permitiría descubrir pequeños asteroides entre una semana y dos meses antes del impacto.

Dos observatorios espaciales en órbita solar podrían alertarnos de los peligros de un asteroide cercano (Roskosmos).

De lo expuesto hasta ahora podemos extraer dos conclusiones. Primero, que en cualquier momento puede aparecer un asteroide de mediano tamaño en ruta de colisión con nuestro planeta. Segundo, que la determinación de la órbita de un cuerpo menor no es un asunto baladí. Con los datos en la mano, los cálculos muestran que en los próximos veinte años es probable el impacto de un objeto de unos cien metros de diámetro. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Salvando al mundo

Imaginemos que se cumplen los peores pronósticos y descubrimos un asteroide que se dirige hacia la Tierra. Como en las mejores -y peores- películas de Hollywood, los líderes mundiales se reúnen para hacer frente a la crisis. Los misiles nucleares vuelan y el asteroide resulta vaporizado. Fin del problema. Lamentablemente, este escenario fantástico es a día de hoy, nada más que eso, simple fantasía. Porque lo cierto es que la Humanidad carece ahora mismo de un sistema capaz de destruir o desviar un asteroide. Si mañana mismo detectamos que un objeto va a chocar contra la Tierra con tan sólo unos meses de antelación, lo único que podríamos hacer es determinar el lugar del impacto lo mejor posible, evacuar la zona y rezar.

Cierto es que la probabilidad de que ocurra algo así es minúscula, pero que nosotros no seamos testigos de un suceso como el de Tunguska durante nuestras vidas, no significa que nuestros hijos o nietos no se lleven un buen susto...o algo peor.

Y no será por falta de ideas, porque sobre el papel existen muchos métodos para enfrentarnos a esta amenaza. La mayoría de métodos se pueden clasificar en dos categorías: destructivos o preventivos. Los métodos destructivos son muy sencillos de entender, pero como veremos presentan una serie de inconvenientes. Los métodos preventivos consisten en ejercer un pequeña fuerza sobre el asteroide (mediante explosivos o no) para cambiar ligeramente su órbita y evitar así que choque contra la Tierra. A continuación repasaremos los más importantes.

1. El método nuclear

Cuando pensamos en defendernos de asteroides peligrosos, lo primero que se nos viene a la cabeza es el uso de armas nucleares. Al fin y al cabo es lo que siempre hemos visto en producciones holywoodienses como Armageddon o Deep Impact. Y lo cierto es que es un método más que viable. Ha quedado más que claro que la verdadera amenaza son los asteroides de 100 a 300 metros de diámetro, así que un artefacto nuclear parecido a la Bomba Zar podría destruir fácilmente un asteroide pequeño de este tipo sin despeinarse. Pero cuidado, no nos precipitemos. Existen varios inconvenientes. El primero, y que no suele tenerse en cuenta, es que interceptar un blanco de unos pocos cientos de metros en medio del espacio interplanetario no es nada fácil. La sonda Deep Impact de la NASA requirió de un sofisticado sistema de navegación y orientación para alcanzar el asteroide Tempel 1, un enorme objeto de más de 7 kilómetros de diámetro, y eso pese a ser una misión con un periodo de planificación de varios años.

Edward Teller, el creador de la bomba de hidrógeno en EEUU, junto a un modelo de la bomba Zar soviética (NASA).

Otra consideración es que muchos asteroides y cometas no son objetos "sólidos", sino agrupaciones de escombros unidas muy débilmente. Una explosión nuclear no "destruiría" el asteroide, sino que lo fragmentaría en miles de pedazos. "Bien", podríamos pensar, "mejor fragmentado que intacto". Pues no. Porque los objetos no saldrían volando por todo el Sistema Solar, sino que se agruparían por delante o detrás de la misma órbita. Dicho con otras palabras, en vez de un único asteroide en rumbo de colisión hacia la Tierra tendríamos un tren de mil objetos, aumentando las probabilidades de que algún núcleo de población se viese afectado. Y no debemos olvidar que basta una "piedra" de 60 metros para causar una explosión de unos cien megatones.

El asteroide Itokawa. El fragmento señalado en el círculo tiene 50 metros de diámetro. Es posible que una explosión nuclear no pueda destruir este fragmento (JAXA/NASA).

Los pedazos de un asteroide o cometa que se desintegra permanecen en la misma órbita (NASA).

Por lo tanto, si queremos usar un artefacto nuclear para destruir un asteroide deberemos entender antes sus propiedades internas, pero entonces perderíamos un tiempo precioso en el proceso, desperdiciando así una de las principales ventajas de este método. 

Potencia necesaria para destruir un asteroide con armas nucleares.

Resulta lógico entonces que la mayoría de propuestas basadas en las armas nucleares prevean su uso no tanto para destruir el asteroide como para darle "un empujoncito" con una explosión a cierta distancia que lo desvíe de su órbita. En este caso, la efectividad de la explosión es menor que en el caso de una detonación interna, así que la masa y potencia del artefacto nuclear deben ser mayores. Y aquí nos encontramos con un límite, ya que los actuales lanzadores son capaces de situar un máximo de 25 toneladas en órbita baja. Dependiendo del cambio de velocidad que queramos impartir al asteroide (Delta-V), necesitaremos una masa mínima para nuestra nave de 5 a 100 toneladas. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la eficiencia de la explosión nuclear en el vacío del espacio es distinta a si tuviese lugar en la atmósfera terrestre. Por ejemplo, la eficiencia es diferente dependiendo de si la mayor parte de la energía de la explosión se emite en rayos X o neutrones, siendo más efectivo este último caso. Una última ventaja del método nuclear es que no requiere que la nave se sitúe en la misma órbita que el objetivo, con la consiguiente penalización energética, ya que basta con que intercepte su órbita en un solo punto.

Distancia óptima para una explosión nuclear con el fin de desviar la órbita del asteroide (NASA).

Relación entre la potencia de un arma nuclear, su masa y la Delta-V capaz de impartir al asteroide de acuerdo con varios métodos (NASA).


2. El método cinético

El método cinético es una especie de versión descafeinada del método nuclear en el que la tremenda energía cinética del proyectil destinado a interceptar el asteroide se usa para generar una enorme explosión. Este sistema presenta todos los inconvenientes del método nuclear y presenta pocas ventajas, así que no se suele tener muy en cuenta a la hora de la verdad. Eso sí, para determinados asteroides pequeños podría ser útil. También evitaría el uso de armas nucleares en el espacio, algo prohibido por varios tratados internacionales. En cualquier caso, si un asteroide se dirige hacia la Tierra, está claro que estos tratados serían el menor de nuestros problemas.

La sonda Deep Impact choca contra el cometa Tempel. Aunque no llevaba explosivos, la fuerza de la explosión fue tremenda (NASA).


3. El empujoncito (remolcador convencional)

Como hemos visto, si descubrimos a nuestro asteroide asesino con suficiente antelación, una leve desviación de su órbita permitiría evitar que colisionase con nuestro planeta. En este caso, no es necesario usar armas nucleares y bastaría con "empujar" al asteroide fuera de su trayectoria. La nave aterrizaría sobre el astro -bueno, más bien se "acoplaría"- y utilizaría sus motores para cambiar la órbita. Puesto que en este escenario nos sobra el tiempo, podemos emplear sistemas de propulsión iónica, con una elevadísima eficiencia (es decir, alto impulso específico) para nuestra tarea. El empuje proporcionado por este sistema es casi despreciable, pero los motores iónicos son capaces de funcionar durante meses o años de forma continua creando un efecto acumulativo más que apreciable. El inconveniente principal de este sistema es que la nave debería aterrizar cerca de los polos del asteroide para que la dirección del vector del empuje se mantenga constante. Y claro, el eje de rotación del asteroide no tiene que coincidir necesariamente con el sentido de la trayectoria orbital.

Una nave dotada de propulsión eléctrica nuclear (con motores iónicos) intenta desviar la órbita de un asteroide (NASA).
Debemos primero desarrollar las tecnologías para acoplarnos a un asteroide (NASA).


4. El remolcador gravitatorio

El método del empujón es sugerente por su sencillez, pero la condición de que el eje de rotación del asteroide coincida con el avance orbital es demasiado restrictiva. El remolcador gravitatorio es una variante del método anterior que se basa en un concepto muy elegante. Básicamente, consiste en usar la fuerza de atracción gravitatoria que la nave causa sobre el asteroide para desviarlo de su órbita. La nave usaría sus motores iónicos para mantenerse siempre a la misma distancia del astro y de esta forma el asteroide desviaría muy lentamente su trayectoria.

Aunque parezca una locura, es una idea totalmente viable. Por ejemplo, para desviar un asteroide similar al Apophis (de unos 320 metros de diámetro), una nave de varias toneladas situada a 1,5 veces el radio del asteroide y dotada de motores iónicos con un empuje de solamente 100 milinewtons podría impartir una Delta-V de 0,000037 cm/s al año, una cifra infinitesimal, pero suficiente para evitar una colisión con la Tierra si se efectúa con varios años de antelación. Además, la efectividad del remolcador gravitatorio no depende de la forma, composición o rotación del cuerpo, de ahí su ventaja. Por supuesto, cuanto más masivo sea el asteroide, más tiempo necesitaremos para cambiar la órbita, pero este inconveniente es extensible a cualquier método.

Un remolcador gravitatorio con motores iónicos alimentados por un reactor nuclear desvía la órbita de un asteroide (NASA).

También se puede usar un remolcador gravitatorio con una vela solar (NASA).

Además de estos métodos se han sugerido muchas otras técnicas más o menos locas. Por ejemplo, podríamos cambiar la órbita del asteroide pintándolo. Como lo oyen. Si cubrimos de pintura blanca una parte del asteroide, la diferencia en la presión de radiación de la luz solar podría cambiar su órbita después de varios años. Otras propuestas exóticas incluyen vaporizar la superficie con láser para cambiar su albedo, tener en cuenta el efecto Yarkovsky o usar un cañón de masa acoplado al asteroide. 

Método para desviar la órbita de un asteroide quemando su superficie (Melosh et al.).

Evaluación de la efectividad y madurez de los distintos métodos para desviar asteroides (NASA).

Otra comparativa de los distintos métodos (NASA).


Naves destructoras

Todo esto está muy bien, ¿pero ha pensado alguien como llevar a la práctica estos métodos? Pues lo cierto es que sí. El principal problema a la hora de diseñar una misión preventiva, bien sea un interceptor nuclear o un remolcador gravitatorio, es alcanzar el asteroide. Para ello debemos tener en cuenta la Delta-V necesaria para llegar al objetivo y la masa de nuestra nave.

Delta-V necesaria para alcanzar algunos NEOs.

Cuanto más Delta-V requiera la intercepción, menos masa útil dispondremos para nuestro vehículo, ya que necesitaremos más combustible para el viaje. Por lo general, se asume que la mejor opción para naves que requieran elevados tiempos de vuelo es usar propulsión eléctrica nuclear. Un reactor nuclear se encarga de alimentar un sistema de propulsión iónica. En cualquier caso, no debemos descartar totalmente la propulsión eléctrica solar, especialmente teniendo en cuenta los recientes avances en tecnología de paneles solares.

En Rusia, la agencia espacial Roskosmos lleva varios años proponiendo el desarrollo de un remolcador nuclear con propulsión eléctrica (YaEDU en ruso). De hecho, el instituto de investigación TsNIIMASh ha sugerido el empleo de una nave de estas características como remolcador gravitatorio.

Remolcador gravitatorio de propulsión nuclear eléctrica propuesto por TsNIIMASh (Roskosmos).

El remolcador en configuración de lanzamiento (Roskosmos).

El remolcador desviando la órbita de Apophis (Roskosmos).

Por otro lado, la empresa Makeyev, fabricante de misiles balísticos para submarinos ha propuesto el proyecto KAISSA/KAPKAN para desviar asteroides mediante armas nucleares. La nave KAISSA sería la encargada de sobrevolar el objetivo y observar sus características para elegir el lugar más adecuado para el impacto, mientras que la nave universal KAPKAN se encargaría de destruir el asteroide. Makeyev cree factible una misión de intercepción y destrucción mediante el uso de cohetes Soyuz-2 o el futuro Rus-M.

Nave KAISSA de reconocimiento (Makeyev). 
Nave KAPKAN para destruir el asteroide con cargas nucleares (Makeyev).

La NASA también ha investigado el problema y ha desarrollado varias propuestas de interceptores nucleares que viajarían hasta el asteroide a bordo de una nave con propulsión eléctrica solar. En este caso, cada uno de los interceptores estaría dotado de un sistema de navegación independiente para seguir al objetivo y asegurar el impacto, de forma similar al procedimiento seguido por la misión Deep Impact.

Propuesta de interceptor nuclear (NASA).

Nave nodriza con los interceptores (NASA).

Conclusión

Evidentemente, estamos ante una amenaza real que debemos tomar muy en serio, aunque bien es cierto que la probabilidad de que un asteroide realmente grande impacte contra la Tierra durante este siglo es mínima (pero no es nula, he ahí el quid de la cuestión). Si descubrimos un asteroide en el último momento o con pocos años antes de que decida hacernos una visita demasiado cercana, parece claro que lo mejor es usar la opción nuclear para vaporizarlo o desviar su órbita. Por el contrario, si detectamos una amenaza potencial con años o décadas de antelación, un remolcador gravitatorio se nos presenta como la mejor opción. Pero en cualquier caso, necesitaremos un lanzador pesado para estar tranquilos.

Puede parecer que el peligro no es inminente, pero teniendo en cuenta lo que nos estamos jugando, ya podemos empezar a desarrollar ahora mismo la tecnología necesaria para evitar la catástrofe.


Referencias:



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