Si decimos que la NASA no atraviesa sus mejores momentos no estamos descubriendo nada nuevo. Tras la retirada del transbordador espacial, el programa tripulado de la agencia estadounidense se encuentra en el momento de mayor incertidumbre de toda su historia. Nadie sabe si la agencia volverá a disponer de un vehículo tripulado propio o, lo que es peor, cuándo ocurrirá. Y sí, es cierto que la NASA ha pasado antes por otros periodos en los que carecía de capacidad para poner un hombre en órbita, pero esta es la primera vez que el programa tripulado estadounidense corre un riesgo real de desaparecer, algo impensable hace tan sólo unos pocos años. La iniciativa privada promete ser la salvación de la NASA, pero no olvidemos que se trataría en todo caso de un programa subvencionado por el gobierno federal.
¿Cuál es el futuro de la NASA?
Cómo hemos llegado hasta aquí
¿Y qué es lo que ha pasado para que nos encontremos en esta situación? Pues básicamente, que la agencia espacial ha afrontado este nuevo siglo con la misma mentalidad que tenía durante la Guerra Fría. La NASA -al igual que su contrapartida, el programa espacial soviético- fue un producto de la confrontación entre las dos superpotencias, una singularidad histórica que no debía haber existido. Tras la caída de la Unión Soviética, Rusia pronto se dio cuenta de este hecho cuando se vio incapaz de mantener el programa espacial a los mismos niveles que la URSS. Durante los años 90, el programa espacial ruso tuvo que enfrentarse a un duro dilema: cancelar proyectos y optimizar la gestión de los escasos recursos económicos o desaparecer en el olvido. Por suerte para todos, Rusia logró salvar importantes sectores de su industria aeroespacial, aunque no sin enormes sacrificios. Como resultado, el programa espacial ruso goza de muy buena salud hoy en día, pero que nadie se llame a engaño. Rusia no será jamás la superpotencia espacial que fue la Unión Soviética.
Por contra, el fin de la Guerra Fría no supuso ningún cambio radical para la NASA. La agencia siguió con sus asuntos como si nada hubiese ocurrido, operando el transbordador espacial en la órbita baja misión tras misión. En todo caso, la desaparición de la Unión Soviética permitió que la NASA utilizase a Rusia para sacar adelante su proyecto de estación espacial Freedom, un proyecto que estuvo a punto de ser cancelado a principios de los 90. Por supuesto, el beneficio fue mutuo, puesto que la cooperación con los Estados Unidos le proporcionó al programa espacial ruso una generosa inyección de dinero fresco que resultó crítica para su supervivencia. Fruto de la fusión de los proyectos Freedom y Mir 2 nació en 1994 la actual estación espacial internacional (ISS).
La ISS y la Luna (NASA).
Pero lo cierto es que tanto el
shuttle como la estación Freedom eran hijos de la Guerra Fría. El transbordador espacial era un proyecto de la era Apolo, concebido a finales de los años 60 para mantener la paridad del esfuerzo espacial norteamericano con la URSS. Así que la NASA no tenía nada claro qué hacer una vez finalizada la construcción de la ISS. El presupuesto de la agencia impedía volver a repetir las hazañas del Apolo y el transbordador había demostrado ser un vehículo complejo que no había reducido un ápice el coste del acceso al espacio. ¿Era adecuado mantener el
shuttle operativo unas cuantas décadas más o por el contrario había que desarrollar una nueva nave más pequeña y flexible como el
OSP? En 2003 el transbordador Columbia se desintegró durante la reentrada poniendo fin a este debate. El consenso era que había que retirar al transbordador cuanto antes, eso sí, una vez terminada la construcción de la ISS. Pero, ¿qué hacer después? El por entonces administrador de la NASA,
Mike Griffin, vio en el desastre del Columbia la oportunidad de empezar desde cero. Estados Unidos volvería a la Luna gracias a una nueva cápsula, denominada Orión, y a la nueva familia de cohetes Ares basados en tecnologías del
shuttle. El Ares V sería el mayor lanzador jamás construido, superando ampliamente al Saturno V del Apolo. Nacía así el
Programa Constelación a mediados de la pasada década. El transbordador sería retirado en 2010 y la ISS en 2015 para poder financiar este ambicioso plan.
Elementos del desaparecido Programa Constelación (NASA).
Ambicioso calendario del Programa Constelación (NASA).
Nave Orión/MPCV. ¿Volará algún día? (NASA).
Pero la NASA se había marcado un farol. Griffin sabía que era imposible que la agencia espacial sacase adelante el Programa Constelación con el presupuesto disponible, así que concibió el proyecto de tal forma que los políticos se viesen obligados a aumentar la financiación de la NASA si no querían que el programa espacial tripulado estadounidense desapareciera por completo. Al fin y al cabo, pensó Griffin, ningún presidente querría pasar a la historia como el hombre que eliminó el programa espacial. Pero se equivocó por completo. La
Comisión Augustine abrió la caja de Pandora en verano de 2009 al confirmar que el Programa Constelación no podría hacerse realidad sin un aumento significativo del presupuesto de la NASA. Poco después, el presidente Obama ocupaba su cargo en medio de la mayor crisis económica del último medio siglo. Obama nunca demostró interés alguno por el programa espacial, pero aún así sorprendió a propios y extraños al cancelar el Programa Constelación a principios de 2010. Porque Obama también eliminó de un plumazo la nave Orión y el cohete Ares I, el conjunto que debía sustituir al
shuttle. Al mismo tiempo, se negó a prolongar la vida útil del transbordador y, salvo un par de misiones adicionales añadidas a última hora, se decidió retirarlo tal y como estaba previsto sin tener ningún sustituto preparado.
El transbordador espacial fue retirado este año sin tener listo un sustituto (NASA).
Como es lógico, el pánico se adueñó de la NASA. La mentalidad de la Guerra Fría le había jugado una mala pasada a Griffin. El programa espacial tripulado ya no era una prioridad para el país, y menos aún en medio de una crisis económica brutal. Pero que nadie se llame a engaño. El asunto no es, ni lo ha sido nunca, una cuestión de dinero. El dinero destinado a la NASA es una cifra infinitesimal comparado con el presupuesto que los EEUU destinan a defensa. No, el dinero nunca ha sido un problema. Simplemente, el programa espacial tripulado ha dejado de interesar a la mayoría de la clase política.
No obstante, la presión de algunos sectores del Congreso y los
lobbies de las empresas aeroespaciales forzó a Obama a suavizar su plan original. A mediados del año pasado se decidió que la Orión (ahora denominada
MPCV) sería finalmente construida. Y este septiembre se anunció oficialmente el desarrollo del cohete
SLS, una especie de Ares V reducido en busca de un objetivo al que servir. El conjunto MPCV/SLS es la última oportunidad que tiene la NASA para mantener un programa espacial tripulado propio con capacidad para viajar más allá de la Tierra. Si este plan no tiene éxito, algo bastante probable, la agencia dependerá exclusivamente de las naves privadas para alcanzar la órbita baja, probablemente la
Dragon de SpaceX o la
CST-100 de Boeing, aunque nadie sabe cuándo estarán listos estos vehículos. Mientras, los Estados Unidos seguirán dependiendo de Rusia para mandar sus astronautas al espacio.
SLS y Jupiter 3.0 Busquen las diferencias (NASA/DIRECT).
Nave Dragon de SpaceX (SpaceX).
Las alternativas a la luz de los números
¿Se podían haber hecho las cosas de otra forma? Sin duda. El presupuesto anual de la NASA destinado a las actividades tripuladas durante la pasada década, sin ser comparable al de la era Apolo, era más que suficiente para desarrollar poco a poco una arquitectura de exploración más robusta y sensata. Cuando se habla del presupuesto de la NASA, es inevitable que aparezca la siguiente gráfica, que representa la evolución del dinero destinado a la agencia espacial como porcentaje del presupuesto federal:
Presupuesto de la NASA como porcentaje del presupuesto federal (NASA).
Efectivamente, el pico de la era Apolo y el posterior declive son más evidentes, pero no nos olvidemos que estamos hablando de porcentajes. Si nos fijamos en el presupuesto de la NASA en cifras absolutas ajustadas a la inflación, la cosa cambia significativamente:
Presupuesto de la NASA en términos absolutos dólares ajustados a la inflación (línea naranja) (Wikipedia).
Aunque el "pico del Apolo" sigue ahí, la diferencia con el nivel de inversión de las últimas décadas disminuye considerablemente. Y es que mucha gente se olvida de que los increíbles presupuestos del programa Apolo se mantuvieron durante apenas seis años, mientras que la financiación del transbordador y la ISS, más modesta, se ha extendido durante más de tres décadas, algo que queda patente en la siguiente gráfica comparativa:
Coste total de los distintos programas espaciales tripulados de la NASA ajustados a la inflación en dólares de 2010.
En definitiva, si la agencia hubiese apostado desde un primer momento por un sistema de lanzamiento similar a los cohetes Júpiter de la propuesta
DIRECT para sustituir al transbordador no habría tenido que pasar por el bochornoso espectáculo que supuso el diseño del Ares I y los continuos sobrecostes del monstruoso Ares V. No es casualidad que el aspecto actual del SLS recuerde poderosamente a los lanzadores de DIRECT. Igualmente, sin las limitadas prestaciones del Ares I, el desarrollo de la cápsula Orión habría resultado mucho más barato y rápido. Por último, si la NASA hubiese priorizado hace años el Camino Flexible y la utilización de depósitos orbitales de combustible, actualmente dispondría de una estrategia realista para la exploración más allá de la órbita baja. Incluso algo tan crucial como la dependencia de Rusia en la ISS se podía haber suavizado considerablemente si el programa X-38 no hubiese sido cancelado en 2002 por el entonces administrador de la NASA Sean O'Keefe. Por supuesto, todas estas medidas son las que está intentando llevar a cabo la NASA
ahora, pero ya se han desperdiciado décadas de trabajo y miles de millones de dólares en proyectos que no han ido a ninguna parte. Muchos temen que quizás ya es demasiado tarde.
Y ahora...¿el ocaso del programa no tripulado?
Hasta ahora, los problemas con el programa espacial tripulado de la NASA parecían no afectar en absoluto a las misiones robóticas. Es más, durante la pasada década la agencia espacial ha vivido una auténtica edad de oro gracias a una pléyade de sondas espaciales y satélites científicos de todo tipo. Con la cancelación del Programa Constelación y el shuttle, muchos partidarios de la exploración no tripulada del espacio esperaban que el dinero de estos programas "inútiles" se destinaría finalmente a construir nuevas sondas y observatorios espaciales. Pero no ha sido el caso. Más bien, todo lo contrario.
De hecho, un
reciente artículo de Robert Zubrin, presidente de la
Mars Society, en el periódico conservador The Washington Times ha encendido las luces de alarma. Según Zubrin, la administración Obama planea reducir a niveles paupérrimos el presupuesto destinado a la exploración planetaria para el año fiscal 2013. La principal víctima de estos recortes sería el programa para el estudio de Marte, de tal modo que
la NASA no llevaría a cabo ninguna misión adicional al planeta rojo durante esta década después del lanzamiento de las sondas
Curiosity y
MAVEN.
Aunque la NASA no ha tardado en salir al paso de las declaraciones de Zubrin, el caso es que hay motivos para la intranquilidad. Y Zubrin no es el único que piensa de esta manera. El antiguo presidente de
The Planetary Society, Lou Friedman,
se ha expresado recientemente en los mismos términos. Lo cierto es que nada de esto es nuevo. Hace varios meses que la comunidad científica está preocupada por la aparente disminución en el número
de nuevas misiones para los próximos diez años. La raíz del problema hay que buscarla en
los retrasos y sobrecostes del telescopio espacial James Webb, que ya han obligado a la agencia a cancelar varias misiones científicas. Desgraciadamente, parece que estos sacrificios han sido en vano, porque el James Webb tiene los días contados. Salvo un milagro de última hora, la NASA no puede permitirse los casi ocho mil millones de dólares por los que saldrá finalmente este proyecto.
Telescopio espacial James Webb (NASA).
Además, la agencia declaró recientemente que
no podría aportar los 1500 millones de dólares que cuesta el cohete Atlas V para la misión ExoMars Trace Gas Orbiter de la ESA. Por si fuera poco, nadie ha explicado oficialmente el porqué de este cambio de opinión, que ha obligado a la ESA a recurrir a Rusia para lanzar esta sonda. El programa de exploración de Marte de la NASA para esta década pasa por la cooperación con la ESA y tiene como objetivo traer a la Tierra muestras del suelo marciano, lo que requerirá dos o tres misiones como mínimo con un coste total de unos ocho mil millones de dólares, un precio sospechosamente similar al del James Webb. ¿El programa marciano será cancelado en favor del James Webb? No lo sabemos, pero no sólo el estudio de Marte está en peligro. La próxima misión
flagship de la agencia, la sonda
JEO (Jupiter Europa Orbiter), también corre el riesgo de ser cancelada próximamente si no reduce sus ambiciosos objetivos.
Ya dijimos en este blog que la cancelación del Programa Constelación y la retirada del transbordador espacial no iban a suponer un aumento en el número de misiones no tripuladas. Desgraciadamente, el tiempo nos ha dado la razón.
Muchos se han olvidado una vez más que el programa espacial no tripulado también es hijo de la Guerra Fría. Puede que mandar una sonda a Marte nos parezca mucho más "útil" que una misión del transbordador espacial, pero para la mayor parte de políticos su utilidad es la misma. Es decir, ninguna. Sin un programa tripulado que lo "arrope" políticamente, la exploración no tripulada del espacio es un objetivo políticamente igual de prescindible que la tripulada, puede que incluso más.
Pese a todo, seamos optimistas. La NASA seguirá disfrutando del programa no tripulado más complejo del planeta. Además de las numerosas sondas y satélites ya en funcionamiento, en los próximos diez años se lanzará
OSIRIS-REx, una misión de clase New Frontiers, y
otra sonda de clase Discovery aún por determinar. No obstante, lo cierto es que la edad de oro de las sondas espaciales de la NASA podría estar llegando a su fin.
El futuro
No es exagerado decir que la NASA está sufriendo con dos décadas de retraso las consecuencias del fin de la Guerra Fría. Sin un poderoso enemigo ante el que realizar exhibiciones tecnológicas, el gobierno federal muestra cada vez menos interés en desembolsar las cantidades de dinero que requiere un programa espacial ambicioso. Por supuesto, podemos estar tranquilos: la NASA no va a desaparecer. Seguirá lanzando satélites y sondas, aunque a un ritmo inferior al de los últimos años. Pero si hablamos del programa tripulado, el asunto es más serio. Si finalmente el SLS y la Orión son cancelados, imaginar un futuro sin astronautas de la NASA -que no estadounidenses- ya no resulta tan descabellado.
La NASA se encuentra en estos momentos en una verdadera encrucijada. Si las cosas salen bien, en poco tiempo podría disponer de dos o tres naves tripuladas y un lanzador pesado. Incluso sería capaz de llevar a cabo
una misión tripulada de sobrevuelo lunar en 2019. Por el contrario, en el peor de los casos, la agencia bien podría quedarse sin una nave espacial propia y el programa científico no tripulado quedaría reducido a la mínima expresión. Para bien o para mal, no cabe duda que los próximos años prometen ser muy interesantes.
Posibles naves tripuladas norteamericanas (BBC).

Una cosa es segura: los astronautas de la NASA tendrán que seguir usando la Soyuz rusa durante varios años (NASA).